Microconfesiones III

 

René Magritte. La reproducción prohibida (1937).

I

Yo vivo más de noche que de día.
La luna es mi sol, el sol es mi luna.
Solo quiero dormir todos los días:
flotar y descansar en una laguna.

Traigo unos ecos en mis bolsillos
que resuenan en todo mi cuerpo.
Resiento por dentro mil cuchillos,
sangro sin tener algún anticuerpo.

Caigo y recaigo, como solo yo sé.
Me atraganté con las manecillas.
Estoy acabado, y no me desquité
de ninguna de aquellas pesadillas.

Ya no parezco una joven promesa.
Soy Sísifo pero sin roca y sentido:
todo es mi culpa, no hay sorpresa.
No, no soy lo que hubiera querido.

II

Necesito ser sincero, sin palabras;
Escribir sencillo, sin el diccionario.
Reflejar lo que siente mi alma,
transparentarme y romperme,
doblarme todo lo que se pueda,
Gautama, la cuerda floja no suena
Siddharta, la cuerda tensa se rompe.

Suenan campanas, pájaros, un grito.
Un grito ensordecedor que me agita,
me revuelve el estómago, me tuerce
los tendones, me hace crujir huesos,
me arranca la piel con una lata sucia
y hace que mis ojos se sequen.

Mi vida al precipicio, filo del abismo,
al borde del final, a punto de hervir,
con un hedor a carne descompuesta,
cigarrillos baratos y cerveza caliente.
Ya no me importa, solo me importa él,
él que tiene 8 años y no ha vivido aún.
Me importan él y sus ojos de niño,
su alma pura, su mirada inocente,
su astucia, su amor, su cariño total.

III

Él es Thales Nicolás, mi vida entera.
Corazón de hermano, ser humano,
genio, ángel, mi salvador, mi motor,
mi antidepresivo, mi antisuicidio,
mi hijo, mi amigo, mi compañero
y consejero leal en mis caminos.

Rota estaba mi vida antes, rota
está mi vida ahora, rota estará
mi vida mañana y pasado mañana.
Y también el viernes por la noche,
cuando me encuentre solo por la
madrugada y la luna me escuche
con su sabio silencio perenne.

Pero nada importa, porque siempre
regreso con más fuerza y con una
sonrisa todavía mayor a la de ayer.
Nadie puede conmigo, nada puede
matarme, porque Dios me dio
problemas y paciencia, fuego y agua,
frío y calor, adversidad y valentía.

Dios me dio a Thales Nicolás.
Y con eso basta.
 

Milson De Jesús Godoy Caballero

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